Independencia del Perú



Video: El Perú Independiente 

 Programa: Sucedió en el Perú
 Fuente: Televisión Nacional del Perú
 Conductor: Antonio Zapata

Historiadores Invitados:

✍ Alicia Del Aguila
 Heraclio Bonilla
 Manuel Burga
 Cristóbal Aljovín
 José A. De la Puente 

Relato:

Independencia del Perú
Independencia del Perú
El Perú Independiente

El general José de San Martín desembarcó en Pisco el 8 de septiembre de 1820, casi un año antes de la proclamación de la independencia del Perú. San Martín encabezaba un ejército compuesto por tropas chilenas y argentinas que contaba con algunos partidarios civiles en todas las clases sociales peruanas. Entre los granaderos argentinos abundaban personas de origen africano, por entonces muy numerosas en Buenos Aires. El contingente chileno era particularmente importante en la expedición de San Martín. Además, los patriotas partían de Chile y el novísimo gobierno republicano de Chile le dio instrucciones escritas a San Martín sobre su conducta en el Perú. Esas instrucciones establecían que San Martín no debía llamar a un parlamento peruano antes de terminar la guerra contra los españoles, la cual debía ser su primera prioridad. Esas órdenes recibidas del congreso chileno fueron incumplidas por el general argentino, que mas bien se dedicó a hacer política antes que la guerra.

Luego del desembarco de la expedición libertadora, San Martín tomó la iniciativa de sucesivas conversaciones sugiriendo alcanzar una solución pacífica a través de un monarca español para gobernar el Perú. En ese lapso, San Martín diseñó la primera bandera y organizó el apoyo civil y militar peruano a la causa de la emancipación. Asimismo, reclutó gran cantidad de partidarios entre la población de origen africano, que al decir del virrey: “sin excepción están abiertamente decididos por los rebeldes, de quienes esperan la libertad”. El virrey aún era Joaquín de la Pezuela , que luego sería derrocado por un golpe militar organizado por los generales españoles de su propio ejército. En muchas provincias se formaron montoneras patriotas y el país se precipitó en una cruenta guerra civil.

La primera canción patriótica que se recuerda fue llamada “la chicha”, cantada antes del 28 de julio de 1821, cuando aún no existía el Himno Nacional. La chicha celebraba las comidas y bebidas nacionales en oposición a los alimentos europeos. Era la canción de la chicha andina contra el vino que representaba a Europa. Fue compuesta por los mismos autores que posteriormente crearon la marcha de la patria; es decir, por José de la Torre Ugarte y José María Alcedo. Torre Ugarte escribió los versos y Alcedo fue el compositor. Ambos tenían una sociedad exitosa, que luego les valió para ganar el concurso del cual proviene el Himno Nacional. La Chicha expresaba un ánimo particular y que duró poco tiempo: los criollos amantes y respetuosos del pasado andino. Aunque ese espíritu se disipó muy rápido, en ese momento, exactamente en 1820-1821, fue muy intenso. Por el momento, los patriotas se habían reconciliado con las costumbres indígenas.

La presencia del ejército libertador impulsó el movimiento de liberación de las provincias del norte del Perú. En los últimos meses de 1820, diversas provincias del norte y del centro del país proclamaron su independencia. Todas ellas antes que Lima. Entre otras ciudades libres ya en 1820 se encuentran Tarma, Trujillo, Chiclayo, Cajamarca y Piura. Un personaje clave en la emancipación de las provincias del norte fue José Bernardo Torre Tagle, quien luego fue segundo presidente del Perú independiente y que en ese entonces era intendente de España en Trujillo. Es decir, ocupaba el más alto cargo de un departamento, siendo el equivalente a un moderno presidente regional.

En Tarma destaca Francisco de Paula Otero, un líder montonero que tenía buena posición económica. Comerciante y arriero, Otero había nacido en las provincias andinas de la Argentina y se había casado en Tarma con una dama de clase alta local. Él comandó una fuerza decisiva, que por su cuenta liberó lo que hoy sería la región Junín y asedió a los realistas en el centro del país. Se vinculó inmediatamente a San Martín y fue el sustentó de la guerrilla patriota que acompañó a Álvarez de Arenales durante la primera campaña a Intermedios. Otero siguió adelante bajo Bolívar y estuvo tanto en Junín como en Ayacucho. Representa a los civiles rebeldes del centro del país en la lucha independentista.

Una vez producido el movimiento emancipador de las provincias del norte, San Martín decidió embarcarse en esa dirección para continuar el cerco de Lima desde el llamado norte chico. San Martín no quería tomar la capital después de una batalla, sino que, por el contrario, pretendía entrar a la capital por consenso. Además, sus fuerzas regulares eran notoriamente inferiores a las realistas. De este modo, se abrieron negociaciones con el virrey que no dieron ningún fruto porque las pretensiones de ambos eran incompatibles. San Martín buscaba que jurasen la independencia mientras que el virrey quería que jurasen la Constitución Española de 1812. La fórmula de un rey de origen español no evitaba el antagonismo. Las conversaciones de paz fueron infructuosas. Mientras tanto San Martín continuaba con su plan de conquistar el corazón y el entusiasmo de los limeños. El principal político limeño que estuvo a favor de la emancipación fue José de la Riva Agüero , quien era noble de España y que desde muy temprano estuvo a favor de la libertad.

Por su parte, los realistas estaban atravesados de dudas. Su ejército era fuerte, bastante más poderoso que el que acompañaba a San Martín. Pero, no contaban con apoyo de civiles, no habían organizado aún sus propias montoneras. Además, los realistas todavía tenían mucho apoyo político porque el temperamento del país había sido monárquico durante mucho tiempo. En el Perú, mucha gente se sentía tan española como la nacida en la península ibérica. Además, los ejércitos patriotas eran vistos como parcialmente extranjeros, integrados por chilenos y argentinos. Para algunos, los patriotas representaban una invasión extranjera. Por su parte, el ejército del virrey estaba compuesto por un estado mayor español, oficiales mestizos y criollos y tropas indias. Los realistas tenían bastante fuerza tanto política como militar y estaban dispuestos a luchar.

Por otro lado, el alto mando realista desconfiaba de Lima. Ellos veían como, poco a poco, la gente de San Martín iba convenciendo a los capitalinos. Sin embargo, en Lima residía la elite económica, los poderosos comerciantes españoles que controlaban el tráfico mercantil del Pacífico. Ellos venían siendo los financistas del virrey y de la causa del Rey de España. Pero, tomando una decisión bastante costosa, los realistas abandonaron a su gente de dinero en Lima y se trasladaron a la sierra. En primer lugar, el ejército español estuvo en el centro y luego se trasladó al Cusco, donde establecieron su última capital, que no caería sino hasta diciembre de 1824. Así, San Martín ingresó a Lima en julio de 1821 sin combatir, sino gracias a que, el ejército español decidió dejar la capital y replegarse a la sierra. Allí, los realistas entrenarían un ejército y estarían a salvo de las intrigas de la corte limeña.

San Martín estableció su gobierno en Lima que se denominó “el Protectorado”. Este gobierno fue un régimen transitorio que estaba fundado en el ideal de terminar la guerra patria. Era un gobierno personal acompañado por sus partidarios. Entre ellos destaca Bernardo de Monteagudo, un político argentino que había sido radical en su juventud, pero que ahora era un conservador dentro de la revolución. Un peruano clave en el primer gabinete de San Martín fue Hipólito Unanue, que expresa la continuidad entre el virreinato y la república, simbolizando políticamente a los criollos de clase alta, cultos y bien formados. Los grandes temas del Protectorado fueron dos, en primer lugar, si el Perú independiente debía ser gobernado como Monarquía o República; a continuación, los procedimientos necesarios para derrotar a los realistas y terminar exitosamente la guerra de liberación nacional.

Con respecto al primer punto, el debate fue muy intenso. San Martín y Monteagudo propugnaron la tesis de la monarquía. Según su parecer, el Perú no estaba maduro para ser una república y vistas las enormes diferencias entre las clases que componían la sociedad peruana era preferible una larga transición a través de un régimen monárquico que mantenga la unidad del país y forje una aristocracia que prepare a los peruanos a la vida independiente. En oposición a Monteagudo, José Faustino Sánchez Carrión dirigió el grupo que propugnó una salida republicana inmediata. De acuerdo al pensamiento de Sánchez Carrión, una monarquía no entrenaba ciudadanos sino súbditos. Nunca se llegaría a la república a través de la monarquía. Era preferible afrontar los peligros de un nacimiento prematuro antes que ceder ante una monarquía que simplemente prolongaría el despotismo. La oposición entre ambas posturas fue total y el clima se tornó rápidamente hostil. La República Peruana estaba naciendo en un ambiente de contradicciones internas.

El segundo gran tema fue la continuación de la guerra con los españoles. San Martín organizó varias expediciones, ninguna de las cuales obtuvo éxitos resonantes sino más bien fueron obligadas a retroceder. Así, no registró ningún avance significativo, aunque tampoco fue obligado a dejar la capital. De este modo, durante el Protectorado la guerra se empantanó. Por su parte, los realistas también formaron montoneras. Ya se habían trasladado a la sierra y se dedicaron a enfrentar indios contra indios. Por ejemplo, en Ayacucho, los patriotas contaban con el apoyo de los morochucos de Cangallo, pero los realistas reclutaron a los ganaderos de las alturas de Huanta, los iquichanos. Ese enfrentamiento entre grupos al interior de los indígenas hizo de la guerra de la independencia un episodio sangriento y desgarrador. Los indios estaban llegando a la independencia sin liderazgo, porque la clase de curacas había sido eliminada por la represión que siguió a la derrota de Túpac Amaru en 1780. Al carecer de líderes reconocidos y con legitimidad, los indios estuvieron divididos y combatieron con denuedo en ambos bandos. De ese modo, la independencia no vio emerger un liderazgo indígena republicano.

Para aquel entonces San Martín era consciente que sus dos ideas estratégicas tenían dificultades. En ese estado de ánimo se embarcó a Guayaquil para sostener una entrevista con Simón Bolívar. Sobre esa reunión no queda registro y lo conversado siempre ha estado rodeado por el velo del misterio. No obstante, tiene que haber sido un balance de la lucha por la independencia del Perú. Con respecto a ello, eran evidentes las dificultades de San Martín. Por otro lado, Bolívar tiene que haber sido muy explícito a cerca de su propio rol. Él no podía compartir el poder con otro. No había en el Perú espacio para que brillaran dos soles a la vez. Ambas argumentos llevaron a San Martín a tomar la decisión de partir. San Martín dejó en Lima un gran amor: a Rosa Campuzano. Ella había nacido en Guayaquil y trabajó muy intensamente en los planes políticos de San Martín. Fue una activista de mucho talento que dejó a su familia por amor al libertador argentino. Él, por su parte, era viudo en ese momento y entonces era un hombre libre, que sin embargo dejó en Lima a quien había sido su compañera de aventuras revolucionarias. San Martín se exilió en Boulogne y sobrevivió muchos años al cuidado de su hija.

Bolívar llegó al Perú desplazando del poder a los criollos peruanos que habían estado con San Martín, tanto Riva Agüero como Torre Tagle. Ellos no supieron bien cómo orientarse políticamente y acabaron adoptando una postura ambigua. Sin embargo, Bolívar contó con el fuerte apoyo de Sánchez Carrión, quien fue su primer ministro y el alma de las campañas miliares que culminaron con las victorias de Junín y Ayacucho. Sin la energía y decisión de Bolívar la independencia habría afrontado grandes peligros y estaba abierta la posibilidad de la derrota, porque los realistas se habían hecho muy fuertes en la sierra y estaba dispuestos a la reconquista.

Bolívar era republicano y la monarquía no tuvo mayor espacio durante su mandato. Pero también Bolívar tenía dudas. Ya era tarde en su carrera, para aquel entonces había culminado la larga lucha en el virreinato de Nueva Granada sellando la independencia de la Gran Colombia. Bolívar tenía una elevada formación doctrinaria y un vuelo de estadista muy superior a sus contemporáneos. Pero, también estaba cansado y el Perú lo desconcertó. No supo lidiar con el tema del indio y queriendo liberarlo, abolió los cacicazgos y las comunidades. Quería que el indio fuera un ciudadano y que no estuviera encerrado bajo la tutela de caciques hereditarios ni tampoco en medio de las paredes de instituciones de tutela, como pensaban eran las comunidades. Él también abolió la contribución de indios y los tributos coloniales. Algunas medidas fueron muy buenas, pero desmanteló las instituciones que protegían al indígena. Una vez desparecidas, los criollos y mestizos pudieron expandir sus propiedades a costa de las tierras de indios. La república no integró al Perú sino que acentuó su fragmentación.

Durante la estadía de Bolívar en el Perú fueron célebres sus amores con Manuelita Sáenz. Ella era quiteña y había dejado a su marido inglés por seguir a Bolívar. Él era viudo y aunque nunca se casó con ella, estuvieron comprometidos hasta el final. Bebieron juntos hasta la última gota del cáliz revolucionario. Ricardo Palma conoció a ambas señoras: Rosa Campuzano y Manuelita Sáenz. En una tradición, Palma las compara diciendo que Rosa era racional y romántica, mientras que Manuelita era temperamental y volcánica. Según Palma, él se hubiera enamorado de Rosa, pero se habría asustado de Manuelita. Sostiene el tradicionalista que, para una mujer de tanto genio como Manuelita se requería un hombre superior, como Bolívar. Aunque Palma decía temerle, se nota que veneraba a Manuelita y la consideraba un ser superior. Tomaron té y comieron galletas que ella le preparó, poco antes de morir en Paita.

En la batalla de Ayacucho el virrey fue hecho prisionero. Es una inversión completa de los acontecimientos de Cajamarca. Atahualpa había caído preso gracias a una emboscada dirigida por Pizarro. En ella, los caballos de los españoles fueron fundamentales. Pues bien, en Ayacucho, por el contrario, el último gobernante español en América fue hecho prisionero en el campo de batalla y los caballos de los patriotas fueron los decisivos. Fue la caballería colombiana la que apresó la virrey y decidió la batalla. Conviene repasar la participación peruana en los acontecimientos. Durante la emancipación, las tropas de caballería peruana más célebres fueron los morochucos. Sus caballos eran de corta alzada; sus patas eran cortas; se habían aclimatado a los Andes y sabían subir cerros. Eran casi cabras y subiendo en zigzag lograban avanzar más que cualquier caballo occidental. Estos caballos que no lucirían en ningún desfile lograron alcanzar el real del virrey y tomándolo prisionero obligaron a los españoles a capitular. La batalla llevaba hora y media y estaba siendo muy cruenta, habiéndose trabado en el ala peruana dirigida por La Mar. Pero , preso el virrey, el alto mando español optó por pedir la paz. Por ello, la capitulación fue muy benigna con los realistas, se les permitió salir sin represalias y llevarse todo su dinero. Incluso, en forma confusa se menciona una deuda que luego vino a querer cobrarse la expedición restauradora que fue derrotada en El Callao el 2 de mayo de 1866.

A lo largo del período, la mortalidad en el Perú fue elevada. Más aún en El Callao, donde el brigadier José de Rodil protagonizó una última resistencia española. En efecto, después de Ayacucho, en los castillos del Real Felipe se encerraron un grupo de notables realistas, junto con una última guarnición española y sólo se rindieron comenzando 1826. Estuvieron unos quince meses y se desató entre ellos una temible epidemia que terminó con sus vidas. En forma lamentable para el Perú independiente, entre estos realistas muertos en el Real Felipe, se hallaba Torre Tagle, segundo presidente de la república, quien para aquel entonces, motivado por las contradicciones con Bolívar, había cambiado de bando y fallecía reconvertido en español. Las epidemias eran consecuencia de una prolongada guerra y destrucción sobre una estructura urbana muy poco higiénica. Las ciudades eran muy malsanas en aquellos días, anteriores a la revolución industrial. En ellas, más gente moría que nacía; la tasa de crecimiento vegetativa era negativa. En la época de la independencia hubo un retroceso significativo, porque a estas causas de siempre se sumaron las pestes y las guerras. En 20 años Lima no sólo se estancó sin crecer nada, sino que incluso retrocedió, perdiendo el 8% de su población.

Los morochucos en Ayacucho simbolizan la promesa de la vida peruana. Sostuvo Jorge Basadre, el principal historiador de la república, que la emancipación contiene una promesa: la de una vida peruana soberana, integrada y de pleno bienestar. Asimismo, la constatación que ha tardado y sigue afrontando dificultades. Pero, que esta promesa llegará a concretarse, porque la democracia republicana es el único régimen capaz de reconciliar al país y enrrumbarlo al progreso que se merece.
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