Las Refomas Borbónicas



Video: Las Reformas Borbónicas

 Programa: Sucedió en el Perú
 Fuente: Televisión Nacional del Perú

Historiadores Invitados:

✍ Jeffrey Klaiber
 Jesús Cosamalón
 Scarlet O'Phelan
 Crsitina Mazzeo 

Relator:

Proclamación de Felipe V
Proclamación de Felipe V
Las Reformas Borbónicas

Carlos II fue el último rey de España proveniente de la antigua dinastía austriaca de los Habsburgo. Su reinado fue una prolongada decadencia; era conocido como el “hechizado” porque era débil de mente y de cuerpo; en su época se suponía que era víctima de brujería. Gobernó largos 35 años, durante los cuales, la política española consistió en no variar nada para favorecer mejor los apetitos personales de consejeros y válidos de la Corte. El declive de España se había iniciado desde su mismo apogeo, porque en vez de industrializarse se volvió rentista, viviendo con holgura de la plata exportada del Nuevo Mundo y comprando manufacturas en Inglaterra y en menor medida en Holanda y Francia. España que había sido la primera potencia del planeta en el siglo XVI -cuando fue la conquista de América- ciento setenta años después -al terminar el siglo XVII- había descendido a la triste condición de país de segunda o de tercera categoría, en una Europa donde el liderazgo era claramente británico.

El año 1700 se presentó el problema de la sucesión del “hechizado”, que fue muy conflictiva, porque el Rey de España no tuvo hijos y se presentaron dos candidatos fuertes. Por un lado, el futuro Felipe V, que era nieto del Rey de Francia, Luis XIV, siendo su abuela María Teresa, una española de la casa real, hermana de Carlos II. Por otra parte, también aspiró al trono español, el archiduque de Austria, Carlos, quien era el segundo hijo del Emperador Leopoldo, siendo su madre española y hermana de Carlos II. Por lo tanto, ambos eran primos y tenían similares derechos. Inglaterra, Austria, Holanda y Portugal apoyaron al pretendiente austriaco, quien fue reconocido como gobernante en Cataluña y Aragón. Barcelona negoció su apoyo a cambio de la promesa de mantener la autonomía de las regiones. Pero, Francia apoyó a Felipe V, quien gozó de gran sostén popular en Madrid y en toda Castilla. La guerra fue larga y llena de vaivenes. En un momento parecía que Felipe estaba perdido, pero se repuso y logró la victoria final, que se consagró en la paz de Utrecht, en 1713. Sin embargo, España tuvo que realizar costosas concesiones a Gran Bretaña, como autorizar la posesión inglesa de Gibraltar y el permiso a un navío de la misma nacionalidad autorizado a comerciar con Hispanoamérica.

De este modo, Felipe V llegó al trono de España inaugurando una nueva dinastía, los Borbones, que eran primos de los reyes de Francia. A partir de ese momento, se estableció la alianza entre ambos países que habría de gravitar en Europa a lo largo del siglo XVIII. Felipe V era muy consciente de la decadencia española y se propuso realizar reformas que restablecieran sus pasadas grandezas. Durante su mandato y en el de su sucesor, Fernando VI, se realizaron amplias reformas en España misma. Llegaron al poder ministros ilustrados que trataron de renovar las estructuras y ponerlas a tono con los adelantos en otros países europeos. La educación fue una herramienta principal del cambio. Ella fue renovada, buscando abandonar el exceso de escolástica y abriendo el camino a la experimentación y la ciencia empírica. Asimismo, Felipe V trasladó la Casa de Contratación, que tenía el monopolio del comercio con el Nuevo Mundo, de Sevilla a Cádiz, donde tenían asiento un grupo significativo de comerciantes franceses. Al llegar el reinado del tercer monarca Borbón, Carlos III, se emprendieron las reformas en América misma. El propósito de este Rey fue modificar la relación entre la metrópoli y las colonias, para que éstas participen de mejor modo en la recuperación de España entre las potencias europeas.

La mayor cercanía con Europa movió a los Borbones a favorecer la porción Atlántica de sus dominios, en detrimento de las áreas situadas en el Pacífico. Por ello, formaron una capitanía general en Venezuela, sustentada en la exportación de caco, un nuevo producto al alza en el siglo XVIII, cuando el consumo de chocolate se expandió por todo el orbe occidental. Por su parte, los futuros estados de Colombia y el Ecuador fueron separados del virreinato del Perú, al formar el territorio de la Nueva Granada , creado como virreinato en 1740, con la intención de conferirle estabilidad al gobierno español en la parte norte de Sudamérica.

Ese mismo año de 1740, los Borbones suprimieron el antiguo sistema comercial de las flotas. Hasta ese entonces, en Sevilla o en Cádiz se alistaba una flota que navegaba toda junta por el Atlántico conduciendo todas las mercaderías que se comercializarían en América. Esa flota luego se dividía en dos: una parte a México y la otra para el Perú. Así, en Portobello y Cartagena se reunía inmensas ferias donde se intercambiaban todas las mercaderías europeas que se comercializaban en Sudamérica. A esa feria solamente tenían derecho a asistir los comerciantes limeños. Este sistema de las flotas y las ferias había dado origen a un gran contrabando y fraude y fue eliminado por los Borbones. El sistema había recibido considerables críticas, entre las cuales destacan las Noticias Secretas de América , obra escrita por los marinos ilustrados Jorge Juan y Antonio Ulloa, donde se informaba al Rey del extenso contrabando que circulaba en América y cómo el sistema estaba corrompido.

En ese momento se implementó un nuevo sistema comercial denominado “registros sueltos”, por el cual los barcos salían en forma individual de Cádiz y recorrían la nueva ruta del cabo de Hornos, transitando por Buenos Aires y Valparaíso antes de llegar a El Callao. De este modo, el comercio limeño pasó de primero a tercero en el orden de llegada a América de las mercaderías europeas. Por ello, una zona privilegiada fue Buenos Aires, cuya ubicación le permitía a España disputar el liderazgo de Sudamérica con el Brasil, por entonces posesión de Portugal. Además, en Buenos Aires el comercio se sustentaba en una extensa ganadería y para reforzar el poder de los comerciantes platenses, los Borbones trasladaron el Alto Perú, la futura Bolivia, al control del nuevo virreinato creado en el Río de La Plata en 1767. De ese modo, la minería boliviana ya no saldría a Europa por Lima, como había sido hasta ese momento, sino por Buenos Aires.

El virreinato del Perú sufrió serios recortes. Inclusive Puno había sido trasladado a Buenos Aires y recién fue devuelto unos años después. También era el caso de Loreto, que inicialmente pasó al control de Nueva Granada y retornó al Perú al final de la era colonial. Pero, el Perú se recompuso. En primer lugar, manejó en forma más eficiente su liderazgo comercial en el Pacífico Sur. Por ejemplo, la cascarilla era un producto de exportación muy significativo que salía de Guayaquil y viajaba a Lima, para seguir a Europa desde el puerto de El Callao. Del mismo modo, el cobre de Coquimbo, en el Chile actual, seguía la misma ruta para ser exportado desde el Perú. ¿A qué se debía esta situación? Sucede que el comercio limeño, organizado en el Tribunal del Consulado, aún era suficientemente rico, como para sustentar los costos de los numerosos servicios necesarios para el comercio de larga distancia con Europa. Por otro lado, la flota del Pacífico era peruana y tenía su centro en El Callao.

Asimismo, debe considerarse que la minería peruana conoció una segunda ola expansiva. Agotada la mina de Huancavelica y perdida la antigua influencia en la minería del Alto Perú, la minería peruana se recuperó gracias a Cerro de Pasco. A partir del siglo XVIII empezó la producción de esta gran zona minera, que incluso hoy -doscientos cincuenta años después- continúa en explotación. De este modo, el Perú siguió siendo uno de los grandes productores mundiales de productos mineros y ello fue el sustento de un comercio extenso y poderoso, que amplió sus redes en las zonas andinas y tejió poderosos vínculos con comerciantes locales.

Por otro lado, las reformas borbónicas implicaron un enfrentamiento con la Iglesia. Los reyes eran autoritarios y partidarios de un estado centralizado, donde las decisiones las tomara la Corona. Por el contrario, la política en la época precedente, cuando los Reyes Habsburgo, era corporativa. La sociedad política había estado integrada por varios estamentos parcialmente autónomos, reunidos cual federación bajo la autoridad del monarca. El principal de estos estamentos era la Iglesia Católica, que disponía del poder espiritual, de inmensa trascendencia en aquellos tiempos. De este modo, en la era del despotismo ilustrado llevada adelante por los Borbones, el poder espiritual fue remecido por el político.

En la Iglesia destacaba la orden jesuita, que tenía una organización interna eficiente y muchas propiedades. Los jesuitas habían asumido numerosas responsabilidades: la educación y las misiones destacaban como las más visibles. Entre los consejeros de los reyes absolutistas había temor frente al poder de los jesuitas. En estos círculos se sostenía que eran un estado aparte, dentro del mismo estado español. Por ello, los Reyes de la época absolutista expulsaron a los jesuitas de sus dominios en varios países europeos. Tanto en Portugal como en Francia, los jesuitas ya habían sido expulsados, cuando en 1767 la misma orden alcanzó a los jesuitas españoles.

Las consecuencias de esta medida fueron de gran trascendencia. Por un lado, la educación de una buena parte de la elite había estado a cargo de los jesuitas. A partir de ese momento, pasó a control del estado virreinal y lógicamente se resintió al perder a una buena parte de los mejores maestros. Estos colegios jesuitas incluían los destinados a hijos de curacas, entre los cuales destacaba el colegio del Cusco, cuyo alumno más famoso habría de ser nada menos que Túpac Amaru II. Por otro lado, las propiedades de La Compañía se desarticularon y fueron rematadas, produciéndose un traspaso de bienes que restó dinamismo a la economía. Finalmente se alteraron las lealtades y creció el cuestionamiento al poder de España en América.

En ese mismo sentido, algunos jesuitas desterrados pasaron a complotar efectivamente contra el poder de España. El más famoso expatriado fue Juan Pablo Vizcardo Y Guzmán, criollo peruano procedente de Arequipa, que trabajó para el gobierno británico y escribió un célebre manifiesto titulado Carta a los Españoles Americanos , donde insta a los criollos a expulsar a España del Nuevo Mundo. Esta Carta tuvo amplia difusión durante la etapa propagandística y en la primera fase de la lucha de la emancipación. Asimismo, algunos sacerdotes estuvieron a favor de la independencia americana, expresando un profundo resentimiento contra la autoridad real, motivado por la prolongada campaña de los Reyes Borbones contra los fueros y antiguos privilegios de la Iglesia. Entre los más prominentes rebeldes van a destacar los curas mexicanos Hidalgo y Morelos, quienes condujeron verdaderas rebeliones campesinas masivas. En el espacio peruano, a una escala menor, el mismo papel cumplió el cura Muñecas.

Otra área de conflicto fue la tributaria. Durante los Habsburgo, los impuestos eran numerosos y poco efectivos, los Borbones los redujeron a unos pocos, aumentaron las tasas e impulsaron el cobro efectivo. Este aumento y sobre todo el nuevo rigor en su aplicación afectó las relaciones con las comunidades. Por ejemplo, la alcabala, que era el impuesto a las ventas, se duplicó y nuevamente volvió a subir. Nuevas aduanas fueron establecidas en pueblos del interior andino y los productos agrícolas de la tierra fueron incorporados al pago de la alcabala. Todo ello, causó gran descontento y estuvo en la base de un ciclo prolongado de malestar campesino en la sierra peruana. Hubo muchos estallidos de protesta popular y las rebeliones confluyeron e el gran movimiento de Túpac Amaru. La denominada Gran Rebelión tuvo dos fases, pues después de la derrota del cacique de Tinta y del primer núcleo rebelde, hubo un segundo momento, conducido por Diego Cristóbal Túpac Amaru y por Túpac Catari, un indio aymara, que llevó la lucha al Alto Perú. Esta rebelión fue muy costosa y destructiva, tanto en propiedades como en vidas humanas; duró un año y fue seguida por un silencio campesino, durante el cual los Borbones pretendieron que se abandone el quechua y se olviden antiguas costumbres andinas. No lograron su cometido a plenitud, pero la fase final del gobierno español en los Andes fue un intento de segunda conquista.

Avanzado el siglo XVII, era evidente que las mezclas raciales se habían impuesto en el Nuevo Mundo. Nunca se había respetado la rígida separación prevista en las normas, según las cuales debía haber dos repúblicas, una de indios y la otra de españoles. Éstas no debían mezclarse ni por matrimonio ni por costumbres. Pero, nunca se cumplieron estas normas y la presencia de los esclavos de raíces africanas había terminado de propiciar un extenso mestizaje. Los Borbones quisieron registrar este proceso y ordenaron series de pinturas que en el Perú fueron elaboradas por órdenes del virrey Amat. Las razas puras, originarias de la época de la conquista, se estaban perdiendo y predominaban las combinaciones y mezclas. Para estos cuadros no sólo importaba el fenotipo racial, sino que también consideran las costumbres, el vestido y las joyas, en suma el carácter del americano.

¿Con estas series visuales, los Borbones se estaban preguntando, ¿cuál es la definición social de América?

Cuando uno más subía en la escala social más propenso estaba a encontrar familias ampliadas. Los ricos vivían en casas grandes, donde compartían espacio varias generaciones y algunas ramas familiares. El parentesco de clase alta se caracterizaba por su amplitud. Por el contrario, la familia nuclear era característica de la plebe urbana, donde también aparecían algunas personas solas, que no compartían su vivienda con otros parientes. La sociedad era muy jerárquica y vertical, pero cada uno sabía su sitio y lo ocupaba sin contratiempos. A la vez, los espacios urbanos eran menos segregados socialmente de lo que son en nuestros días. Eran ciudades que funcionaban a pie, no existían medios de transporte y en las mismas manzanas vivían personas de muy distinta condición social. En las veredas de la ciudad todos se mezclaban. La elite y la plebe vivía una junto a la otra y caminaban por los mismos circuitos.

En ese tiempo habían muchos negros libres. Hacia finales del siglo XVIII, casi la mitad de las personas de origen africano en Lima eran libres. Ellos y ellas habían accedido a la libertad de diversas maneras, entre las cuales predominaba la compra por sí mismos de su libertad. En las ciudades coloniales de la era borbónica, muchos esclavos(as) eran trabajadores a cambio de un jornal; ganaban salario y disponían de dinero, porque entregaban una parte al amo y conservaban otra para sí. En este régimen, se propiciaba un contrato, por el cual el amo le iba vendiendo a plazos su libertad al esclavo. Los esclavos sujetos a esta condición eran llamados “horros”, porque estaban “ahorrando” para obtener su libertad. Se generó un mercado de compra de libertad que era alentado por los amos, porque en paralelo les permitía ir comprando esclavos jóvenes en reemplazo de los esclavos algo mayores a quienes estaban vendiendo su libertad. Era una rueda.

Un último tema que han discutido los historiadores es ¿si las reformas borbónicas alentaron la independencia. Es decir, ¿si unas reformas aplicadas con dificultad y percibidas como abusivas pudieron haber desatado la protesta que culminó en la independencia? Como tantas veces en la historia, ante este tipo de preguntas de fondo se han elaborado distintas respuestas.
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