Culturas Mochica y Nazca



Video: Culturas Mochica y Nazca

 Programa: Sucedió en el Perú
 Fuente: Televisión Nacional del Perú

Historiadores Invitados:

✍ Luis Jaime Castillo (historiador)
 José Canziani (arquitecto)
 Giuseppe Orefici (historiador)
 Ulla Holmquist (historiadora)
 Krzysztof Makowski (historiador)

Relato:

Líneas de Nazca
Líneas de Nazca
Los mochicas ocuparon distintos valles de la costa norte entre los años 200 y 800 de nuestra era; por su parte, los nazca se establecieron en los valles de la costa sur aproximadamente en la misma época. Aunque hubo contacto e intercambio entre ambas culturas, también se desarrollaron en forma completamente independiente y en algunos de sus resultados fueron sistemas opuestos. Ambas formaciones culturales se adaptaron bien al medio ambiente costero, accediendo tanto a riquezas marinas como a recursos terrestres; desarrollando una agricultura que incluyó complejas obras de irrigación. Sin embargo, en el norte los ríos eran más numerosos y el manejo hidráulico tuvo mayor extensión. Ello no significa que los nazca fuesen agricultores e ingenieros hidráulicos de bajo nivel, todo lo contrario, los nazca forjaron sistemas muy ingeniosos para controlar el escaso recurso hídrico de su región, recuperando ríos subterráneos y haciéndolos brotar a la superficie. Resulta simplemente que los mochicas dispusieron de zonas más aparentes para la agricultura extensiva y las explotaron a plenitud.

Tanto los mochicas como los nazca habían heredado tradiciones culturales antiguas y significativas. Los nazca venían de los paracas y en realidad, entre los unos y los otros, se registra bastante continuidad. Las grandes líneas en el desierto que caracterizan a los nazca, habían comenzado a ser elaboradas en tiempos de los paracas, que constituyen un desarrollo local en la región de Ica hacia el final del tiempo de Chavín. Por su parte, en el norte, los mochicas provenían de Cupisnique, derivado costero norteño del mismo Chavín. Otras culturas que precedieron a los mochicas de la costa norte fueron desarrollos locales y sociedades pequeñas como Salinar y Virú. De este modo, el horizonte Chavín se halla en el substrato del cual emergen mochica en el norte y nazca en el sur.

Por otra parte, tanto entre los mochicas como en nazca se halla que no hubo una sola entidad política centralizada que haya gobernado todo el tiempo como un reino establecido. Por el contrario, se encuentran desarrollos autónomos. Por un lado, señoríos que duraron tiempos muy distintos; unos largos decenios y otros apenas unos años, antes de transformarse nuevamente. Asimismo, se hallan señoríos de extensión diversa, unos más extensos y otros más pequeños. Esta relativa fragmentación del poder político se desarrolló dentro de un horizonte cultural homogéneo y dinámico, que le confiere características unitarias a la producción material proveniente de esta época. Los arqueólogos llaman a este período el “Horizonte Temprano” o también los “Desarrollos Regionales”, corresponde cronológicamente al tiempo que siguió al final de Chavín y se halla antes de la expansión Wari. La interpretación es que Chavín se desintegró porque las sociedades en todas partes del antiguo Perú experimentaron un poderoso salto hacia adelante en tecnología y capacidad de dominio de su propia realidad y medio ambiente. Este salto adelante se verificó en muchos lugares a la vez, tanto desintegró a Chavín, como provocó que en diversos territorios se desarrollen culturas locales muy sofisticadas con gran capacidad para construir templos y palacios, producir una rica artesanía y dejar restos materiales que asombran al mundo entero. Pues bien, a esta época corresponden tanto mochica como nazca y son los desarrollos culturales más representativos de la costa, los unos en el norte y los otros en el sur.

El arqueólogo alemán Max Uhle fue el primero que realizó excavaciones científicas en la costa norte, pero las interpretaciones de conjunto esperaron a Rafael Larco Hoyle para los mochicas y a Julio C. Tello tanto para Paracas como para Nazca. Larco fundó la arqueología científica en la costa norte concibiendo a los mochicas como una sociedad unificada y centralizada, que habría dispuesto de una sola capital, situada entre las Huacas del Sol y de la Luna y el centro urbano contiguo. De acuerdo a su interpretación, una sociedad moche unificada habría tenido una sola secuencia cronológica, según la cual, el estado se expandió hacia el sur y el norte, desde su inicial ubicación al centro del territorio. Luego, el estado habría perdido control sobre esos territorios de expansión y reducido a su núcleo inicial finalmente habría sido absorbido por una potencia extranjera. Para resumir esas tendencias, Larco propuso la evolución de la cerámica en cinco fases consecutivas. La alfarería mochica es increíblemente realista, mostrando deidades y seres humanos que realizan complejas ceremonias, constituyendo una rica fuente de información sobre esta sociedad. Sobre esa iconografía, Larco basó una propuesta de evolución de la cultura. Hoy en día, la moderna investigación científica ha modificado parcialmente esta interpretación. Aunque la secuencia cronológica de la cerámica se sostiene bastante bien, se piensa que por el contrario, los mochicas siempre fueron varios desarrollos autónomos que dispusieron de numerosos centros políticos, integrados en forma algo laxa por rituales y ceremonias que eran comunes, pero bastante diferenciados políticamente y disponiendo de secuencias cronológicas particulares.

Por su parte, Julio C. Tello trabajó en Paracas hallando las famosas tumbas necrópolis y caverna, que contenían muy finos mantos, mientras que en Nazca, un colaborador suyo, Toribio Mejía Xespe, escribió uno de los primeros artículos sobre las misteriosas líneas que estaban comenzando a ser percibidas. Poco tiempo después, el importante arqueólogo norteamericano John Rowe estudió la alfarería nazca para plantear una secuencia cronológica de la cultura, basada en el análisis iconográfico. Del mismo modo que entre los mochicas, los nazca crearon una fina cerámica que los distingue y singulariza, confiriéndoles una fuerte personalidad cultural. Si los mochicas eran escultores de la arcilla, los nazca, por el contrario, fueron pintores de la cerámica. Los norteños usaron la alfarería para esculpir rostros, los famosos huaco retratos, mientras que los nazca simplificaron las formas de las vasijas para utilizarlas como superficie para pintar. No obstante la vigencia de estos estilos paradigmáticos, también hay importantes ceramios mochicas que son pintados y por encima de ello, la clave se halla en que unos y otros son suficientemente explícitos para fundar series y clasificar cronológicamente la secuencia cultural. De este modo, las principales conclusiones tanto de Rowe para Nazca como de Larco para los mochicas se mantienen vigentes y revelan la fuerza que aún conserva la interpretación arqueológica fundada en los restos materiales de alfarería.

Los factores principales de integración de estas sociedades eran rituales, ceremonias lideradas por las elites, contempladas por sectores populares, y escenificadas en lo alto de las pirámides. Por su parte, las ceremonias vinculaban a las elites de distinto rango y procedencia, haciéndolas participar de un horizonte cultural común, compartiendo bienes materiales y tecnologías. De este modo, las sociedades del Intermedio Temprano se desarrollaron con bastante autonomía y alejadas del modelo de estado centralizado de naturaleza imperial. Pero, esa autonomía no significaba independencia absoluta, sino que predominaban factores de integración, que llevaban a profundas conexiones. Lo peculiar del desarrollo peruano en la antigüedad es que eran ceremonias y rituales los que permitían la interacción y desarrollaban el universo de conocimientos y tecnologías comunes. De este modo, antes que un solo estado a lo largo de sus 600 o 700 años de existencia, lo que se encuentra tanto en Nazca como en Moche, es la fuerza del ceremonial para producir una respuesta cultural homogénea. Eran sociedades elitistas y de enorme verticalidad, donde la ideología era el cemento que permitía la unidad, no obstante las agudas contradicciones sociales.

Los valles de Chicama y Moche albergaron a los mochicas del sur, mientras que los moche del norte se hallaron tanto en el valle del Jequetepeque como en la región de Lambayeque. Inclusive, en el período moche temprano, se halla un asentamiento mochica en el alto Piura, contemporáneo a la cultura Vicús. Pero, por razones que aún se discuten, los moche desaparecieron de Piura en fases más avanzadas. Aparentemente, en años iniciales, Piura fue una zona de coexistencia de asentamientos humanos culturalmente distintos que interactuaron sin tanta dificultad hasta evolucionar en una vía propia. Ahora bien, los mochicas del sur crearon las huacas del sol y de la luna, que siempre fueron consideradas la capital de su cultura. Se trata de un gran centro ceremonial, donde dos huacas enmarcan un complejo residencial y productivo, que constituye un centro urbano completamente definido, donde vivían juntos tanto artesanos como sacerdotes y guerreros. De este modo, la capital de moche fue una ciudad compleja, no exclusivamente religiosa del tipo santuario, sino una unidad residencial donde coexistían distintos oficios urbanos. En ese sentido, era una ciudad basada íntegramente en los excedentes del mundo campesino para alimentar a una población numerosa completamente desligada de la producción directa de alimentos.

En el caso de los nazca, esta capital se habría hallado en Cahuachi, donde residía la elite gobernante que construyó las famosas líneas de nazca y los impresionantes acueductos y sistemas hidráulicos del valle. Otros especialistas dudan de la naturaleza de Cahuachi. Es decir, se registra una discusión entre arqueólogos sobre si Cahuachi fue un centro urbano complejo como el moche, o si fue un santuario, donde miles de personas se congregaban en ciertas fechas y luego regresaban a sus lugares habituales de residencia y trabajo. Por otro lado, los nazca también registran desarrollos autónomos y locales con particularidades dentro de patrones culturales comunes. En los últimos años se ha desarrollado bastante investigación en Palpa, que confirma la complejidad y heterogeneidad de las sociedades del Intermedio Temprano.

En los entierros de los mochicas se ha hallado evidencia de tres grupos sociales muy diferenciados. Por un lado, se encuentra una elite muy rica, que dispone de objetos finos de metal y de arcilla. El señor de Sipán por ejemplo está enterrado con toda la parafernalia que lo acompañó en vida; sus objetos morían con él y eran enterrados para fabricar otros nuevos para el siguiente soberano. La elite representaba a las deidades y conducía ceremonias que reproducían los mitos ideológicos que soldaban la pertenencia a esa sociedad. Los adornos de esas ceremonias acompañaban a los sacerdotes cuando morían. En segundo lugar, se halla una clase intermedia, que no disponía de la enorme riqueza de la elite, pero que tampoco era muy pobre. En ese tiempo habían aparecido los artesanos como un sector especializado. Es decir, en épocas más antiguas todo campesino era a la vez alfarero y fabricaba su propia vajilla, pero, en este período del Intermedio Temprano, se formaron talleres artesanales especializados, trabajados por familias a lo largo de varias generaciones. Esos talleres se ubicaban junto a los templos y palacios, constituyendo un desarrollo urbano contiguo al poder político y religioso. Por último, también se han encontrado entierros de personas muy pobres, casi sin objetos materiales y cuya ropa es remendada y está compuesta de parches. Las sociedades del pasado prehispánico fueron muy heterogéneas y mientras unos se sentían dioses, otros pasaban penurias.

En el caso de Nazca, el elemento cultural que más ha llamado la atención han sido las líneas que cruzan el desierto formando diversas figuras. En efecto, los misteriosos geoglifos fueron descubiertos por Toribio Mejía Xespe, pero no les dedicó la atención debida, hasta que en los años 1940 Paul Kosok los vio por primera vez desde un promontorio y luego hizo un viaje en avioneta, pudiendo contemplar las grandes líneas que dibujaban figuras muy claras en la pampa. Esos geoglifos se extienden en un perímetro de cerca de 50 Km . de extensión, entre las pampas de Nazca y Palpa, aproximadamente entre los Kms. 420 y 460 de la Panamericana Sur. El suelo de esa región completamente desértica es de color marrón oscuro, pero bajo esta primera capa se esconde otra que es de color mucho más claro, entre amarillo y blanco. De este modo, simplemente retirando la primera capa se pueden hacer líneas que fueron trazadas por los antiguos nazca con absoluta precisión, formando una serie de figuras en el desierto. Son más de 50 geoglifos, animales terrestres y marinos, seres humanos, y figuras geométricas. Entre los más grandes se cuenta un pájaro de casi 300 metros , mientras que el más pequeño es un espiral de tres metros de diámetro.

La estudiosa alemana María Reich le dedicó muchos años de trabajo al mantenimiento, conservación e interpretación de las líneas de nazca. Su punto de vista era que se trataba de líneas astronómicas que trataban de dibujar el cosmos. Su formación de matemática la condujo a realizar muchos cálculos con el fin de probar su parecer. Posteriormente sus ideas fueron dejadas de lado y se ha convertido en un icono cultural enfatizándose en su amor por el sitio y su impresionante labor de mantenimiento y promoción. En lo referente a la interpretación, últimamente se ha enfatizado que las líneas fueron hechas para ser miradas desde lo alto, por ello sólo habían terminado de percibirse cuando las avionetas surcaron el espacio. De ese modo, la etnohistoriadora María Rostworowski planteó que las líneas recibían a un dios volador que cruzaba el espacio. Rostworowski planteó que ese dios era llamado “Con”, habiendo sido una divinidad mayor y alada de los paracas, que se halla profusamente representada en los célebres mantos.

Uno de los descubrimientos más importantes de la zona mochica han sido las señoras de San José de Moro. Por muchos años se había pensado que el poder en el antiguo Perú era un asunto masculino. En esta antigua visión, sacerdotes, guerreros y gobernantes monopolizaban el poder y las mujeres no figuraban, ni siquiera como diosas mayores. Hoy este parecer está totalmente transformado. Por un lado, María Rostworowski reveló el poder y la importancia de las diosas, incluyendo a todos los apus femeninos, conocidos hoy en día con el nombre de “viuda”. Son impresionantes cerros nevados de los Andes que en su tiempo fueron divinidades femeninas. Por otro lado, las tumbas de sacerdotisas mujeres mochicas descubiertas en San José de Moro, aportaron la prueba empírica de que las mujeres fueron cruciales para la construcción y mantenimiento de la sociedad. Las tumbas de estas mujeres demostraron la enorme riqueza que era invertida en enterrarlas, reflejando su alto estatus en vida y su importancia en el sistema ritual mochica, donde personificaban a una de las principales actrices del proceso de sacrificio. Estas sacerdotisas estaban enterradas con todo el ajuar que habían utilizado en vida para servir a su personaje ritual. Sus tumbas se encuentran entre las más ricas y complejas de las excavadas para mujeres en todas las Américas.

Por último, no está muy claro cómo desaparecieron los moche y los nazca. Los mochicas no colapsaron todos a la vez ni tampoco exactamente al mismo tiempo. A lo largo de casi 200 años fueron decayendo por una complejidad de factores; después de un período transicional bastante peculiar, porque registra la llegada de Wari al norte del antiguo Perú, los moche dieron paso a dos culturas diferenciadas: Lambayeque en la región que había sido de los mochicas del norte y Chimú en el territorio moche del sur. Lambayeque es anterior y luego sobreviene Chimú. En la huaca de San José de Moro, donde se ha hallado a las señoras de elite, también se ha encontrado abundante cerámica Wari de acabado muy fino. Así entonces, parece que el declive del mundo mochica por razones intrínsecas habría concluido a la llegada de Wari. De este modo, la expansión del primer imperio de la antigüedad habría terminado con un moche que ya estaba decadente. Mientras algunos sitios mochicas fueron completamente abandonados, otros evolucionaron a esa fase de transición que luego derivó en los mencionados Lambayeque y Chimú.

Por su parte, el declive de la cultura nazca estuvo determinado por dos fenómenos en paralelo. Por un lado, se constata el abandono de algunos pueblos nazca en su área nuclear y, por el otro, se hacen presentes en la sierra de Ayacucho manifestaciones iconográficas nazca en forma masiva, plasmadas en un nuevo tipo de cerámica, que difiere de la antigua tradición local, denominada Warpa. Así, hacia el año 600 de nuestra era, se hace evidente en Ayacucho que han llegado artesanos nazca que crean una alfarería de gran nivel. Con esta y otras influencias nacería el imperio Wari inmediatamente a continuación. Era claro que en Ayacucho se estaban juntado tradiciones, con aportes Nazca y también Tiahuanaco, que finalmente impulsarían la formación del primer gran imperio de la antigüedad peruana, que precedió y en buena medida fue el modelo del posterior Tawantinsuyu. Así, Nazca habría desaparecido conformando una de las fuerzas que integradas vinieron a dar en la constitución de Wari.
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